Un boxeador. Un monstruo. Un emperador.

Se abre el telón, aparecen un boxeador, un monstruo recién creado, y un emperador convertido en monstruo. ¿De qué estamos hablando? De tres obras de teatro en cartel en Madrid que yo no me perdería. Es difícil encontrar tres obras de tanta calidad y no sólo por la buena labor de sus intérpretes, sino por el interés de la temática que representan, y el valor de las obras literarias que las originan.

Estamos hablando de “Urtain” en el Teatro Valle-Inclán, de “Frankenstein” en el Teatro del Canal, y de “Calígula” en el Teatro Fernán Gómez.

Hablar de “Urtain” es necesariamente hablar de Roberto Álamo, de la compañía “Animalario”, el actor que interpreta al médico boxeador que se convirtió en símbolo mediático e icono de la “masculinidad” a finales del franquismo, y que ha conseguido hacer de un guión de Juan Cavestany de por sí magnífico, una obra de teatro de éxito con doce candidaturas en los próximos Premios Max de las Artes Escénicas y de la Música. Fuerza, violencia, dolor y piel de plástico que sangra por dentro. La historia de José Manuel Ibar Azpiazu, el boxeador que se convirtió en el símbolo del poder de la violencia que necesitaba el franquismo, el nombre que se convirtió en icono de una educación por, para y mediante la violencia, pero, sobre todo, el hombre que se esconde detrás de un nombre maldito, el tigre sin sonrisa, el juguete roto, el héroe trágico, o la tragedia del héroe.

Hasta el 11 de Abril en el Teatro Valle Inclán. Para más información pincha aquí. Para comprar entradas, pincha aquí.

La segunda recomendación es la ya famosa representación del “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Wollstonecraft Shelley. Lo más destacado de esta obra es, aunque parezca trivial (que no lo es), la inclusión del “o el moderno Prometeo”, presente en la obra original, al título de la representación. Lo que esta inclusión nos está indicando, es que el director de la obra y el guionista no sólo se han inspirado en el personaje creado por Mary Shelley, sino que de hecho se han leído el libro, y han tenido el libro más que presente en todo momento, al situar la obra en el escenario.

Hay dos maneras de concebir el Frankenstein de Shelley, por su causa o por su efecto. Si nuestra interpretación partiera de su origen, entenderíamos al personaje como un monstruo protagonista de una pesadilla, en el concurso de historias de terror que Shelley organizó con Lord Byron, y con su marido, interpretación más común de la historia. Sin embargo, Frankenstein no sólo era un monstruo, también era el hijo del primer gran Prometeo moderno, aquel primer protagonista de una historia de ciencia ficción con raíces muy terrenales, aquél capaz de robarles a los dioses prácticamente el único fuego que les pertenecía todavía: el de la vida y la muerte.

Actualizando un debate de por sí actual, la discusión en torno a la capacidad científica y no biológica del hombre de crear vida, aparecer en la obra de teatro, un anarquista, un miembro del partido conservador, una feminista y el personaje de Poli Dori, que, mientras observan la obra de teatro, debaten sobre los límites actuales de “creación” de seres humanos, clonación o células madre.

Una obra de teatro capaz de conjugar la esencia del romanticismo alemán y el teatro gótico y romántico, con la eterna duda del héroe prometeico, con un pie en la tragedia y el destino de Edipo Rey, y otro en las tentaciones de las glorias de la ciencia ficción que dejaron de ser fantasía.

Hasta el 4 de Abril en los Teatros del Canal. De miércoles a sabados a las 20.00h y domingos a las 19.00h. Información y Entradas pincha aquí.

Y si hablamos de poder, de violencia, y del hombre que juega a ser dios, y de la combinación de todos ellos, llegamos necesariamente a nuestra tercera recomendación: “Calígula”, la puesta en escena de la obra con el mismo nombre de Albert Camus, en el Teatro Fernán Gómez.

Esta obra, que obsesionó a Camus durante toda su vida, por lo que simboliza – los límites y terribles consecuencias del poder cuando es mal usado, fue escrita en su primera versión cuando Camus tenía sólo 26 años, y el futuro de la Europa y sus banderas (y el viento que ondeaba las banderas) ya se cernía como una sombra inesquivable, y, si no hubiera muerto sólo 20 años después, probablemente el escritor la habría reescrito unas cuantas veces, repensando y replanteándose el problema de los límites de poder humano, de la complejidad de la existencia humana cuando a las decisiones que se toman desde el poder se refieren, y sobre todo cuando estas decisiones han de afectar a seres humanos, y son pensadas, aunque el sujeto quiera negarlo, desde la condición de ser humano.

Como Quereas, como el mismo Camus, la compañía L’ OM IM-PREBIS, se han mostrado siempre reivindicativos, siempre comprometidos con la realidad social más inmediata, y al mismo tiempo, consiguen que la innovación se adapte a las exigencias del contexto de la obra, sin quedar por ello fuera o alejado de nuestro propio momento histórico.

Hasta el 11 de Abril en el Teatro Fernán Gómez. Para más información y entradas pincha Aquí.

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