A propósito de Cirque Ici: Secret

“Cirque Ici: Secret” formó parte del Festival Escena Contemporánea de Madrid a inicios de Febrero, un circo presentado por Matadero Madrid. Un espectáculo extraño, fascinante, absolutamente heterodoxo, en el que Johann Le Guillerm, el director y único artista, nos mostraba su peculiar forma de entender el circo.

Un circo de una sola persona. Si, sin animales. Si, sin payasos. Sólo Johann, caminando en sonoras pisadas con sus botas metálicas que parecía haber robado a una armadura medieval (si no lo hizo de hecho), y haciendo curiosos ruidos guturales. Lo único “normal” que hizo fue tragarse un cuchillo completamente, y seguir actuando tranquilamente sin sacarlo de su garganta.

El artista hacía girar, sonar y deslizarse rítmicamente objetos cotidianos como cubos metálicos, y operaba con complejos artefactos creados por él mismo, desafiando leyes de la física, jugando con el tiempo, la distancia y el espacio. Creaba de la nada con unas simples tablas de madera y unas cuerdas, estructuras sobre las que caminaba riéndose del equilibrio, reinventando lo posible.

Desde luego, aquellos que asistieron esperando una versión alternativa al Cirque du Soleil debieron quedar, aunque desde luego no decepcionados, probablemente bastante desconcertados. Y es que, hoy por hoy, hay dos maneras de reinventar el circo clásico. Cirque du Soleil apuesta por la reinvención y actualización de la belleza estética, buscando extender los límites de lo armonioso para conjugarlo con lo sorprendente. El resultado: un espectáculo de extraordinaria belleza, donde ya no es sólo hermoso el conjunto de lo representado, sino la consideración de lo que es capaz de hacer el ser humano.

Sin embargo, Johann Le Guillerm no quería explotar este aspecto del espectáculo, sino, en mi opinión, la otra cara del circo, la del hombre capaz de meter la cabeza entre los dientes de un león, la del equilibrista caminando por una fina cuerda de alambre sin caerse. Hoy ya no parecemos tener miedo ni sorprendernos por leones, tigres, o alambres. Nos creemos superiores no sólo a prácticamente cualquier otro ser vivo, sino superiores a nosotros mismos, a nuestros propios límites. Sin embargo, Le Guillerm apuesta por domar a fuerza de látigo y fuerza física aquello que hoy, más que nunca, nos damos cuenta de que nos supera y vence: el espacio, el tiempo, las fuerzas naturales. No tenemos miedo a los leones, pero sí al tiempo.

No sabemos si es esto lo que Cirque Ici estaba intentando transmitirnos… Quién sabe. Ahí queda el título de la actuación.

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